El raconet friki



 
 

La puerta de Phobos (III)


Uno de los alumnos no pudo contenerse más y soltó una pregunta.

- ¿Realidad?

El profesor miró al que le había hecho la pregunta, pero parecía perdido en sus pensamientos.

- Sí, “Realidad”. Aquel “viajero” se encontraba, según parece, ante la puerta de la realidad.

Se detuvo un momento, como si estuviera sopesando el significado de lo que acababa de decir.

– Durante un largo rato, estuvo plantado ante ella, sin moverse un sólo milímetro. Mientras las horas pasaban, el entusiasmo del grupo fue disminuyendo, hasta el punto de llegar a creer que el “viajero” había muerto de pie. Parecía que ese hombre permanecería en esa posición eternamente. Así pasó un día entero, sin abandonar su posición. El grupo decidió montar de nuevo el campamento, y esperar durante algún tiempo para ver si aquella persona era realmente capaz de cruzar la última puerta. Mientras esperaban, catalogaron de nuevo todo el templo, tomando numerosas notas de todos los detalles. También decidieron que siempre habría alguien vigilando la última puerta, por si se producía algún cambio. Según los testimonios escritos, pasaron cinco o seis días, hasta que la misteriosa persona decidió actuar.

- El grupo dormía mientras el joven asistente hacía su guardia, cuando el “viajero” dio señales de vida de nuevo. Primero, dejó caer al suelo la antorcha que sostenía desde hace días. Luego, se giró y dijo al joven asistente que tenían que marcharse de inmediato. Finalmente, exhaló profundamente i desapareció tras el muro de oscuridad de la puerta. El joven, asustado, fue a buscar al resto, los despertó y les explicó lo sucedido. Todos volvieron corriendo a la última puerta, pero no pudieron cruzarla. Aparte de la antorcha que había en el suelo, ya apagada, no había ningún rastro del “viajero”. Los minutos pasaban y todos se impacientaban. Empezaron a interrogar cada vez más violentamente al joven vigilante, hasta que un temblor sacudió el templo entero. Entonces, una luz blanca empezó brillar a unos diez metros de la puerta, revelando la silueta del viajero sentado en el suelo. Antes de que ninguno pudiera reaccionar, el terremoto empezó a destruir el templo, y todo el grupo huyó de aquel lugar como pudo. De los quince integrantes del grupo, sólo tres alcanzaron la salida, y uno de ellos murió poco después a causa de una herida recibida durante la huída. Los supervivientes regresaron y fueron interrogados y visitados por numerosos especialistas, y todos ellos dieron el mismo resultado: amnesia postraumática o desórdenes emocionales. La historia fue considerada como una alucinación, i el caso se archivó. En cuanto a las notas del profesor Fanswirch, quedaron sepultadas en el interior del templo. Sólo se conservan sus notas previas a la llegada del supuesto “viajero”, que ya habían sido enviadas por correo cuando aún recogían el campamento.

El profesor hizo una profunda inspiración y se sentó, señal de que la historia había concluido. Instantes después, un ejército de brazos y manos alzados le indicaron que los alumnos tenían preguntas pendientes. Antes siquiera de poder señalar a ninguno, sonó el estridente timbre indicando el final de la clase.

- Lo lamento mucho, señores, pero sus preguntas deberán esperar hasta la próxima clase. Que tengan una buena tarde.

De mala gana, los alumnos fueron saliendo del aula, dejando eventualmente solo al profesor. Lo único que no les había dicho es que él mismo era el “joven asistente” que, cincuenta años antes, había vivido el misterioso suceso de las puertas del templo de Phobos.

También él tenía muchas preguntas. Preguntas que le gustaría haber hecho a aquél misterioso “viajero”. Preguntas que llevaban toda su vida resonando en su cabeza, atormentándolo. Sin embargo, entre todas estas preguntas, había una especial. De hecho, habría dado cualquier cosa por encontrarse de nuevo con aquella persona y plantearle una simple cuestión: ¿Qué hay más allá de la realidad?


La puerta de Phobos (I)

La puerta de Phobos (II)


Escrito en 30/10/09 09:30 por Pere Daniel Prieto en las categorías: ,

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