El fin se acerca...
A pesar de que soy consciente de ello desde el pasado mes de octubre, no ha sido hasta hace pocos días que he llegado a vislumbrar ligeramente la magnitud de todo ello. ¿La razón? ¡Éste es mi último año en la FME!
Parece que fuera ayer cuando entré en la facultad: joven, inocente y, sobretodo, ignorante. Sin embargo, han pasado ya siete años, y desde luego ya no soy ni tan joven, ni tan inocente, aunque sí creo que igual de ignorante. Pues si hay una cosa que me ha quedado clara a lo largo de siete años de carrera y máster, es que la licenciatura de matemáticas no te enseña realmente matemáticas. Si hiciera un balance con las cosas que sabía de matemáticas antes de entrar en la carrera y ahora mismo, hay muchas más cosas que desconozco que antes. O, mejor dicho, hay muchas más cosas que he descubierto que desconozco.
Con esto no quiero decir que no aprendamos nada, al contrario: la licenciatura te proporciona el lenguaje básico en matemáticas, te enseña a leer matemáticas, a escribir matemáticas y, lo más importante, a pensar como un matemático. Es decir: un lavado de cerebro de cinco años pues, ciertamente, creo que la forma de pensar de un matemático es única dentro del mundo científico, y es algo que sólo se adquiere con el tiempo. Sin embargo, todo ello es únicamente el punto de partida hacia todo un mundo mucho más amplio de lo imaginable.
Debido a los dos años de gracia que se me han concedido, soy uno de los dinosaurios en la facultad. Por ello, he tenido el placer de ver conocer a mucha gente de generaciones distintas que han o están pasando por la facultad. Como ya dije en su momento, creo que la FME es uno de los mejores lugares para ir a estudiar, y por una única razón: la gente, tanto estudiantes como profesores. En el primer caso, por todas las horas compartidas en la sala de estudios, sufrimientos y alegrías. En el segundo caso, porque creo que tener la oportunidad de sentarte con un profesor simplemente para charlar de matemáticas es algo que no debería faltar en ningún lugar, sin mencionar el fantástico trato con todos ellos.

En definitiva, el final se acerca. Se hace extraño, pero así es, y así debe ser. Y debo reconocer que acabo con una de las mejores promociones que he visto entrar en la facultad, con cuya gente he compartido muchos grandes momentos.
¿Que qué haré después? De entrada, terminar el trabajo de final de máster. Luego, ya se verá…
Escrito en 23/03/10 09:30 por Pere Daniel Prieto en las categorías: Personal,

