¡Por el Rey y la Dama!
Con el sonido atronador de los cascos de sus caballos precediéndoles, los caballeros avanzaron por el campo de batalla. Grandes pedazos de barro se levantaban a su paso y el cielo se oscureció con la primera descarga de flechas que lanzaron contra el odiado enemigo.
En la vanguardia de la carga, Leonhard sintió la sensación familiar de la euforia mientras se acercaba rápidamente a los salvajes adoradores de los dioses oscuros. Tras elegir su objetivo, un hombre gigantesco que gritaba de forma incoherente, Leonhard bajó su lanza. El guerrero enemigo intentó hacerse a un lado, pero el veterano caballero ya había previsto dicho movimiento. La lanza se clavó en el pecho del bárbaro con la fuerza de un caballero vestido con una armadura completa a lomos de un poderoso caballo a la carga. Cuando los demás caballeros llegaron al combate, comenzaron a escucharse gritos y alaridos, que se mezclaban con el ruido del hueso al quebrarse y el entrechocar del acero.
Los caballos dejaban caer vigorosamente sus patas delanteras sobre las cabezas de los enemigos y los caballeros hundían sus espadas en los cuerpos del contrario. Leonhard tiró su lanza astillada y desenfundó la espada. Dio una patada en la cara a un enemigo y clavó su espada en el cuello de otro que intentaba agarrar la brida de su corcel. Su ensangrentada espada ascendía y descendía, matando con cada golpe. De repente, notó la vacilación en los movimientos del enemigo, vio la duda en sus caras. Tras cortar en dos a otros, se encontró sin oponente.
Giró con su montura y elevó su voz sobre el estruendo de la batalla: “¡Por el Rey y la Dama!”.
La victoria ya era suya.
Escrito en 06/04/10 09:30 por Pere Daniel Prieto en las categorías: Freak, Relatos
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